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domingo, noviembre 02, 2008

Disidencia a la uruguaya.

Recientemente un oculista cubano que había venido a nuestro país en el marco de "Operación Milagro" -el sistema por el cual se iban a realizar operaciones de cataratas de forma gratuita a gente de menores recursos- decidió que nuestro país es un lugar "para trabajar y vivir".

En pocas palabras, el médico decidió abandonar el trabajo para el que se lo trajo, y empezar a residir en Uruguay como un ciudadano más, dejando a una familia en Cuba -que incluye un hijo de 10 años- por la posibilidad de vivir en un país donde se garantizan ciertas libertades básicas, como las de expresión y circulación por mencionar algunas.

Se convirtió así en el primer disidente de este grupo de cubanos, y levanta una pregunta clave: ¿Por qué se insiste por parte del gobierno actual en sostener que Cuba es un país que cumple con los DDHH básicos, cuando claramente las evidencias van en contra de esto? Seguramente no faltarán en breve declaraciones de algunos de los más acérrimos defensores del régimen Castrista que seguramente este médico esté cegado por el capitalismo y el dinero, lo mismo que sostenían las autoridades de la RDA para justificar la existencia del Muro de Berlín.

Sin embargo, este episodio ha desnudado una verdad mucho más triste: aún viviendo en Uruguay, los médicos que vienen "a préstamo" no son libres de circular por donde les plazca, viviendo con las mismas limitaciones que se les impondrían si siguieran en Cuba, lo cual convierte a nuestro país en un violador de los DDHH por permitir que el régimen comunista extienda hasta nuestro territorio su brazo limitador de las libertades civiles.

¿Hasta cuando vamos a permitir que nuestro gobierno se siga relacionando con Cuba como si no pasara nada? Porque no tengamos ninguna duda de que hacer la vista gorda con estas cosas solo permite que sigan ocurriendo, siendo cómplices así de la opresión de millones de cubanos.

Fuentes: El Observador-01/11/08
El País-02/11/08

sábado, febrero 17, 2007

¿Malo? Depende donde.

Belicista, asesino, genocida. Son algunos de los términos utilizados por nuestra Ministra de Desarrollo Social -Marina Arismendi- y otros críticos del presidente estadounidense George W. Bush, como el PIT-CNT. Sin duda que algunos de estos adjetivos son muy aplicables -como el de belicista- y otros deberían ser analizados con más cuidado si van a ser usados por parte de una persona investida con tanta responsabilidad.

Creo que pocas personas tienen dudas de que el concepto "Derechos Humanos" es un tanto difuso para el actual presidente de los EEUU, pero existen reglas de diplomacia. Los secretarios de estado no pueden ir predicando por ahí su desagrado personal con algunos presidentes, en particular cuando estos representan mercados tan importantes para la economía uruguaya. Algunos podrán afirmar que hay cosas prioritarias, y que no nos deberíamos "vender" a costa de hacer la vista gorda con temas de tanta importancia como pueden ser los Derechos Humanos.

¿Pero no resulta un tanto hipócrita tildar de "execrable asesino y belicista" a alguien que es el líder electo de un país democrático, cuando todos conocemos como se exalta por parte de estas mismas personas a Fidel Castro y su régimen? Arismendi ha viajado en repetidas oportunidades a Cuba, siempre remarcando lo fantástico de su régimen, y lo mismo ocurre con el resto del Partido Comunista, muchos de cuyos integrantes forman la cúpula del PIT-CNT. Cuba es una dictadura, donde se usaron y se usan todos los medios que sean necesarios para sostener el unipartidismo y eliminar la oposición. Pero alcanzó con que se mencionara siquiera la venida de Bush al Uruguay para que todos se alzaran a hablar de este "tirano que busca oprimir a los pueblos del mundo".

Quizás los países del mundo esten haciendo la vista gorda sobre muchas de las cosas que hace el gobierno estadounidense (como sus vuelos clandestinos, invasiones sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU y cárceles donde no rige el estado de derecho) porque representan al mayor mercado mundial, y nadie quiere estar peleado con los dueños de la plata. Quizás el mundo precise gente dispuesta a aceptar las consecuencias de pelearse con los Nº1 por lo que es correcto. Pero si eso es lo que se está pretendiendo hacer por parte del PIT-CNT, FUCVAM y la ministra Arismendi, creo que deberían ver por fuera de las ideologías. Todos ellos son acérrimos defensores de los DDHH, condenando la dictadura en nuestro país, condenando los atropellos israelíes sobre Palestina, y ahora condenando el resurgimiento armamentista de los EEUU, pero parecen olvidarse que los cubanos también tienen derechos.